
Lo que más me gusta de mi vida es que es simple y sencilla pero no por eso aburrida. Me jode escuchar a la gente decir que ha vivido mucho porque va a hartos tonos y se ha agarrado a harta gente.
Eso no es vivir, es pretender que vives. Es así como hoy, en mi simple y sencillo día, estuve por el Hospital de Policía sección Mamografías. Y terminé enredada en una ¿simpática? ¿extraña? ¿inolvidable? conversación con un grupo de mujeres que me doblaban y triplicaban la edad. Conversábamos sobre el cáncer y de lo terrible que es esta enfermedad. Cada una de nosotras tenía una historia de cáncer y muerte, o cáncer y salvación o simplemente cáncer. Una señora de las que la tía manocaliente disfruta conocer dijo algo delicioso: "Ese maldito desgraciado, dicen que así nomás no muere mamita. Es un desgraciado"
¡Único! Fácil de plasmar por Almodóvar. De pronto, hablar de cáncer era como hablar de un hombre o de todos los hombres. Y no es por ser sexista pero los hombres -obvio- jamás pasarán por la llamada mamografía. Yo misma hasta ahora no me he tomado el examen (por favor no sigan mi ejemplo) pero observé lo que me esperaba: DOLOR.
O sea nada nuevo, porque las mujeres nacimos sólo para sufrir. A los trece, y a veces menos, la regla; más adelante, los hijos (otra vez dolor); luego la menopausia y en el transcurso el cáncer de mama.
Pero volviendo al examen, resulta que a una le apachurran la teta hasta decir basta (ouch!) y ya veía yo a mujeres de 30., 40, 60 y 70 salir agarrándose las tetas y el rostro con una expresión de dolor.
Pero mientras iban saliendo se unían a la conversación que yo tenía con esta peculiar señora, otra señora vestida de buzo, una anciana que le pedía a todo el mundo que le cediera su turno (¡Qué tal ostra!) y a lo lejos una mujer que nos miraba con sus ojos sin pestañas y su cabeza envuelta en una pañoleta. Luego, tímidamente, se acercó y nos contó lo que ya sabíamos: tenía cáncer. Le apareció a los 27 años en la mama y sólo le retiraron el tumor, no todo el seno. Pero después de cinco años le había vuelto a brotar, esta vez en la clavícula y en el pulmón (razón por la que su voz era casi imperceptible, una de sus cuerdas vocales está dañada) Fue cuando la otra señora volvió a decir: Es un desgraciado, ese maldito oye, no se va así nomás. La joven de la pañoleta sonrío. Luego nos contó que le habían salido unos quistes en el seno pero que no creía que fuera cáncer. Es verdaderamente optimista y de todo corazón espero que no sea ese maldito desgraciado, hijo de p*$a, tal por cual. Ese cochino sinvergüenza, basura que no vale nada ...