¡Analízame!
Sí, estoy yendo al psicólogo para que me ayude, y la verdad es que me estoy superando.
Miré por largo rato su cara dizque compungida de chica rebelde y por dentro me carcajeaba de lo lindo.
¡No pues, mamita! ¡No pues hijito! ¡No friegues pes sobrino!
Porque la verdad es que ahora todo el mundo va al psicólogo, que si tu enamorado te dejó por otra, que si tu viejo se divorció de tu vieja, que si soñaste que te morías.
QUE NO TIENES NADA QUE HACER, ESO ES LO QUE TE PASA.
Con toda esta avalancha, los psicólogos se están pudriendo en plata, ¡qué buena vida la de ellos!
He visto cada caso que es para pensar en el cambio de carrera. Sí, sí, así cualquiera quiere ser psicólogo. Yo también quiero escuchar los problemas de los chicos “rebeldes” y decirles algo que justifique su “rebeldía”
Pero si a mí me vienen con alguna de esas cojudeces, van a ver como de una cachetada le quito toda la rebeldía. No puede ser, pues, que ahora cualquier problema se resuelva con un extraño que te dice que hacer.
Ahora, tampoco quiero traerme abajo a los pupilos de Freud, sino todo lo contrario, porque aunque estén nadando en billete, debe ser bien insultante que te busquen por huevadas.
Imagínense por ejemplo que un chiquillo va a buscar al médico cirujano porque se cortó el dedo con una hoja de papel o que alguien llama a un periodista para que cubra el asombroso vuelo de una abeja en su jardín.
¿Entendieron?
Ah y que nadie me venga con que seguro me tengo fobia a mí misma y que por eso no voy al psicólogo. Ya saben ah! Sino voy es porque no tengo verdaderos problemas y no estoy negando la realidad por si acaso.
Y sino me creen, analícenme pe! (lo estoy diciendo con mi mejor cara de pirañita)
¡Qué tanta cosa!






